El FAP, el Covid-19 y la importancia del ahorro



Para esto fue ideado el Fondo de Ahorro de Panamá (FAP). Para ser utilizado por el país en un momento de crisis como el actual. Heredero del Fondo Fiduciario para el Desarrollo, el FAP cobró vida con la Ley 38 de 2012, con dos objetivos primordiales: establecer un mecanismo de ahorro a largo plazo para el Estado, y como herramienta de estabilización para casos de estado de emergencia y desaceleración económica.

La propagación del Covid-19 en el país está poniendo a prueba el sistema sanitario y causando estragos en la economía.

Para contener la propagación del coronavirus, el Gobierno ordenó estrictas medidas de aislamiento, que incluyen el cese de actividades consideradas no esenciales, y que arrojan como resultado un parón en la actividad económica.

Aunque la magnitud del impacto económico dependerá de la duración de la crisis, algunos analistas ya apuntan a que en 2020 habrá recesión -técnicamente dos trimestres seguidos de decrecimiento en la producción- y que el año concluirá con una caída en el producto interno bruto (PIB).

Para atender la crisis sanitaria primero y remontar, después, la económica, el Gobierno va a requerir grandes sumas de dinero.

Con la declaración de emergencia nacional, se suspenden los límites de déficit que estipula la Ley de Responsabilidad Social Fiscal, que marcaban un techo para este año de 2.75%.

Además, en circunstancias de emergencia, el gobierno podría recurrir al FAP. No obstante, la ley que lo creó establece unas condiciones para poder hacer retiros del fondo, como que el daño de la emergencia declarada debe ser superior al 0.5% del PIB y que el ahorro no podría quedar por debajo del 2% del PIB. En la práctica, estos lineamientos limitan el uso del FAP.

Además, buena parte del FAP está invertido en títulos de renta fija y acciones en Estados Unidos, y en estos momentos de turbulencias en los mercados la eventual liquidación del Fondo podría suponer pérdidas adicionales para el país.

Estos son algunos de los motivos por los que el Gobierno optó por una figura distinta para hacer uso del FAP.

No se retirarán los fondos del ahorro, sino que se utilizará el instrumento como una garantía o aval para que el Banco Nacional de Panamá (BNP) obtenga un crédito. Esta sería una forma de aprovechar en Panamá los recursos que tiene el FAP, pero dejando los activos invertidos.

Si el Gobierno finalmente toma recursos de ese crédito que estará en el BNP, deberá devolverlos en un plazo de cinco años como máximo.

Así quedó consignado en la Ley 139 de 2 de abril de 2020, sancionada por el presidente Laurentino Cortizo y promulgada en la Gaceta Oficial No. 28994-B, que adopta una ley general sobre medidas de emergencia para afrontar la crisis sanitaria causada por la pandemia del Covid-19.

La norma entró en vigor con su promulgación y tendrá vigencia hasta el 30 de mayo, periodo que será prorrogable con la autorización de la Asamblea Nacional.

Efectividad limitada

El FAP, por tanto, podrá ser utilizado para ayudar a Panamá en estos momentos de crisis, pero con una efectividad limitada debido a su tamaño como proporción de la economía nacional.

Al cierre de 2019, y después de completar el mejor año de su historia, el patrimonio del FAP sumó $1,393 millones.

Si se compara con los $1,234 millones que tenía el fondo en 2013, la variación es de $159 millones.

En esos mismos años, la economía registró niveles elevados de crecimiento, los más altos de América Latina, pero esto no se aprovechó para alimentar más el ahorro.

Al contrario, los rendimientos que generaba el FAP eran, año tras año, reclamados por el Gobierno para ayudar a costear los presupuestos.

Solo a través de una reforma legal introducida en 2018 se estableció que las ganancias generadas por el FAP podrían ser capitalizadas para permitir su crecimiento orgánico.

También se modificó la regla de acumulación para facilitar el ahorro de parte de los aportes entregados por el Canal de Panamá, aunque el FAP aún no ha visto recursos por esta vía.

El economista Felipe Chapman señaló que “desde hace años hemos dicho que se debía aprovechar el crecimiento económico para llevar el FAP al 5% o 10% del PIB y poder utilizarlo. Esto no sucedió”.

El FAP se ha mantenido en niveles similares desde 2013 y apenas asoma la cabeza sobre el 2% del PIB.

Chapman recordó que Chile, que tiene un fondo de ahorro con los excedentes que genera el cobre, hizo frente a los daños causados por el terremoto de 2010, sin necesidad de recurrir a ayuda externa.

“Ojalá, después de esta experiencia, nos animemos a ir alimentando el fondo”, manifestó el economista.