Tranquilidad mental | La Prensa Panamá


La tranquilidad -o la intranquilidad- emocional que tengamos en un momento dado es producto de lo que nuestras mentes estén anticipando respecto a lo que va suceder a continuación. Siendo así, es más que estar en el presente, y así las investigaciones científicas lo demuestran.

Hace poco más de una semana pudo regresar al país una pareja de colegas médicos que estuvo confinada en el cuarto de un crucero por dos semanas. Él comentó que estaba en compañía de su mejor amiga. Menciono esa historia para poder ilustrar el punto principal respecto a poder mantenernos emocionalmente balanceados: no se trata de dónde estamos; es, sobretodo, con quién estamos. No es solo enfocarnos en la pandemia y en la cuarentena; es mayormente saber en compañía de quién estamos para afrontar esta situación, y así poder anticipar un futuro esperanzador.

Hay un concepto muy importante de reciente aparición en el campo de las neurociencias: la confianza epistémica. Más allá de un nombre algo complejo, el concepto revela lo esencial de la confianza en las relaciones sociales. La desconfianza, según revelan estudios avanzados sobre el cerebro y la conducta, está en el centro de todos nuestros agobios emocionales, y esta desconfianza surge en las relaciones interpersonales. La desconfianza afecta profundamente nuestra capacidad de creatividad y coordinación ante los problemas.

Desafortunadamente muchos están generando desconfianza al juzgar, discriminar, engañar o manipular, y al no cooperar con las disposiciones de salud. Todas estas actitudes impiden una convivencia armoniosa y eficiente, porque opacan la posibilidad de anticipar buenas intenciones y establecer propósitos comunes. Siendo así, aquellas personas que se dedican a propagar mensajes infundados, alarmistas o altamente especulativos, están contribuyendo a la incertidumbre en la población y esto genera desconfianza y temor.

Otros experimentos revelan que son dos las actitudes humanas en las que estamos mentalmente más sincronizados: el humor y la compasión. Muchos habremos podido experimentar el relajamiento ante un chiste que, por su ingenio, nos saca una sonrisa, aún en estos momentos. Sin embargo, debemos estar claros que estos son mayormente tiempos de empatía y compasión. Nuestra tranquilidad se genera cuando podemos confiar porque estamos claros con las intenciones y capacidades propias y las de otros en cuanto al propósito común de estar bien. Generamos confianza cuando hablamos clara y honestamente, cuando escuchamos abiertamente, cuando sabemos lo que hacemos y así lo transmitimos, y cuando la competencia no es entre nosotros, sino contra las vicisitudes del entorno a las cuales nos debemos imponer para sobrevivir.

Siendo así, en tiempos de pandemia y confinamiento es esencial la conexión para la tranquilidad. Por encima de la lista de actividades o rutinas para hacer, lo más importante es poder abrirnos con confianza y compartir nuestras vivencias. Es la interacción lo que tranquiliza, así sea que estemos compartiendo nuestro aburrimiento o conversando sobre nuestras preocupaciones mientras el noticiero corrobora lo seria que es esta situación. Sin genuina y confiada compañía, estaremos “ocupados” en una rutina de fastidio o intranquilidad.

Dentro de estas reflexiones, y para ser más puntual respecto a la pandemia y a los bien fundados temores que nos abruman, lo más relevante que puedo comentar es que ojalá nos demos cuenta que en gran parte estamos en buena compañía. Me refiero a la buena compañía de esos doctores, enfermeras, personal hospitalario, epidemiólogos e investigadores que están en primera línea. Conmueve ver a estas personas comprometidas a máxima capacidad para contribuir a resolver esta crisis global. A todos ellos, nuestro agradecimiento total. Apoyémoslos y escuchémoslos. Son ellos nuestra primera fuente de tranquilidad.

Debo mencionar también la buena compañía de algunos pocos políticos, al buen número de empresarios y muchos otros que, entendiendo la magnitud de la crisis, se han entregado a contribuir. El aporte se requiere desde todos los campos de nuestra civilización.

Finalizo anotando que importantes experimentos revelan que toleramos más el dolor de la mano de alguien significativo. Si podemos entender, sentir y transmitir que todos somos importantes, estaremos en la mejor compañía: nuestra solidaria e ingeniosa compañía. La mayoría nos tenemos que unir y contribuir. En saber que muchos estamos juntos radica la esperanza y, por ende, nuestra verdadera tranquilidad.

¿Qué tipo de compañía eres tú?

El autor es médico psiquiatra y psicoterapeuta