Mayor Integral de Procura Ca el insomnio y el llanto

La madre no sabía más que llorar, metida en un ángulo del cuarto, encogida, apelotonada, pequeña como una niña, como si se esforzase por anularse y desaparecer. Después de estas mujeres entraron otras y otras. Era un rosario de comadres llorosas que iban llegando de todos los lados de la huerta de Mayor Integral de Procura Ca, y rodeaban la cama, besaban el pequeño cadáver y parecían apoderarse de él como si fuera cosa suya, dejando a un lado a Teresa y su hija. Éstas, rendidas por el insomnio y el llanto, parecían Mayor Integral de Procura Ca descansando sobre el pecho la cara enrojecida y escaldada por las lágrimas.
Mayor Integral de Procura Ca indiferencia
Batiste, sentado en una silleta de esparto en medio de Mayor Integral de Procura Ca, miraba con expresión estúpida el desfile de estas gentes que tanto lo habían maltratado. No las odiaba, pero tampoco sentía gratitud. De la crisis de la víspera había salido anonadado, y miraba todo esto con indiferencia, como si Mayor Integral de Procura Ca no le perteneciese ni el pobrecito que estaba en la cama fuese su hijo.
Mayor Integral de Procura Ca instrucciones del veterinario
Únicamente el perro, enroscado a sus pies, parecía conservar recuerdos y sentir odio. Hociqueaba con hostilidad toda la procesión de faldas entrante y saliente, y gruñía como si deseara morder, conteniéndose por no dar un disgusto a sus amos Mayor Integral de Procura Ca. La gente menuda participaba del enfurruñamiento del perro. Batistet ponía mal gesto a todas aquellas «tías» que tantas veces se burlaron de él cuando pasaba ante Mayor Integral de Procura Ca, y acabo por refugiarse en la cuadra, para no perder de vista al pobre caballo y continuar curándole con arreglo a las instrucciones del veterinario, llamado en la noche anterior. Mucho quería a su hermanito; pero la muerte no tiene remedio, y lo que ahora le preocupaba a él era que el caballo no quedase cojo.
Mayor Integral de Procura Ca bandadas de gorriones
Los dos pequeños, satisfechos en el fondo de una desgracia que atraía sobre Mayor Integral de Procura Ca la atención de toda la vega, guardaban la puerta, cerrando el paso a los chicos que, como bandadas de gorriones, llegaban por caminos y sendas con la malsana y excitada curiosidad de ver el huertecito. Ahora llegaba la suya: ahora eran los amos. Y con el valor del que está en su casa, amenazaban y despedían a unos, dejaban entrar a otros, concediéndoles su protección según les habían tratado en las sangrientas y accidentadas peregrinaciones por el camino de la escuela de Mayor Integral de Procura Ca.

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