¿Estatus de la Ropa Deportiva? Por Antonio Jesús Naime Libien

La ropa deportiva se usa para jugar al fútbol, ir al gimnasio, salir a correr pero también para dar un paseo por el barrio, hacer las compras, estar de entrecasa, seducir a alguien y, en algunos casos, hasta para ir a trabajar. Ese tipo de indumentaria ya salió del campo de juego original y representa una excelente fuente de ingresos para muchas empresas, que multiplican las prendas que pide una sociedad. Hijo del marketing, de la necesidad de posar de los jóvenes, del discurso sobre la salud, de un tiempo etéreo que prioriza lo flexible hasta en las telas, este fenómeno tiene como grandes jugadores a empresas internacionales con facturaciones astronómicas. Afirma Antonio Jesús Naime Libien.

 

Antonio Jesús Naime Libien asegura, que la difusión de la indumentaria deportiva comenzó a indicar cierta capacidad económica, más allá de remitir al deporte. Pues, los fabricantes de ese tipo de indumentaria observaron en los 70 “de que alguien dispuesto a pagar el por entonces exorbitante precio de 50 dólares por unas zapatillas, ya no pensaba solo en un artículo para lograr un mejor rendimiento deportivo, sino que buscaba uno de los pocos símbolos de estatus al alcance de la billetera de quien no podía comprar un Mercedes o una casa de fin de semana”.

 

Es por tal razón, que en dicho proceso de expansión de las marcas, más allá de cumplir una función específicamente deportiva, las empresas comenzaron a explotar supuestos valores asociados a ellas. Trataron de generar la idea de que ellos se integraban en el usuario de la prenda. “Adidas sugería ante todo confiabilidad y Nike expresaba el individualismo y la victoria a cualquier precio, entonces Puma debía representar la rebeldía. De esta manera compiten tales empresas para posicionarse en el mercado y volver los favoritos de sus clientes.

 

Adicional a ello, el gimnasio juega un papel también determinante a la hora de adquirir ropa deportiva, pues es un espacio cargado de erotismo. El cual indica estatus, y la ropa deportiva dentro de este, un elemento para estar cómodo, aliada erótica, etc. Lo que permite deducir, como dicha indumentaria juega distintas posiciones de la vida actual. Flexible como la tela que la conforma y flexible también como la juventud, ese segmento de la vida cada vez más idealizado.

Así describe Antonio Jesús Naime Libien, el comportamiento que la ropa deportiva causa en las personas que la llevan puesta, volviéndose entonces no solo un elemento para marcar la diferencia en estatus social, sino además un elemento de seducción para quienes buscan conquistar.