Hacer el oso… | La Prensa Panamá


El diccionario de la Lengua Española define la expresión que da título a la columna de hoy, como un localismo (aparentemente de origen colombiano), que significa: exponerse a la burla o lástima de la gente, haciendo o diciendo tonterías.

Con esto de la pandemia, parece que lo de “hacer el oso” se ha puesto de moda en todo el mundo. Los ejemplos son numerosos, y en todos lados hay ejemplos de esta práctica. Por supuesto, hay gente que parece tener cierta habilidad innata en estos menesteres, mientras en otros pudiera ser solamente efecto de esta distopía que nos ha tocado vivir.

En el mundo científico, es sorprendente cómo con la pandemia, hay cada vez más gente tratando de revolver la ciencia de verdad con la charlatanería. Como cada vez es más evidente, conforme pasa el tiempo y se aprende mas sobre la pandemia, se tiene mejor evidencia de qué funciona y qué no. Los estudios controlados y aleatorios son cada vez más abundantes, analizando diferentes opciones de manejo y tratamiento, y definiendo qué hacer con los enfermos. Así, sabemos que el remdesivir funciona en pacientes hospitalizados que no requieren oxígeno y que produce una reducción del tiempo de hospitalización. De igual manera, el corticosteroide dexametasona reduce la mortalidad en pacientes hospitalizados que requieren oxígeno suplementario o ventilación mecánica.

Del mismo modo, estudios de buena calidad han ido descartando otros tratamientos que no han demostrado beneficios al usarlo en casos de Covid-19. Así, la hidroxicloroquina ha sido descartada por todas las asociaciones médicas reconocidas en Estados Unidos, América Latina, Europa y en organizaciones globales. La evidencia ha descartado su utilidad como profiláctico pre-infección, en etapas tempranas, en casos leves, moderados o severos. Como bien explicó el doctor Paulino Vigil De Gracia en un artículo en La Prensa, hace tres días, la hidroxicloroquina no sirve en Covid-19. Por más que sigan machacando los mismos seis o siete médicos y uno que otro epidemiólogo empírico de esos graduados en Google. Del mismo modo, las vitaminas, ivermectina y antibióticos tampoco han podido demostrar un efecto positivo. No es un capricho; es lo que dice la evidencia que han adoptado las sociedades médicas más serias del mundo.

Después, están los que promulgan tratamientos a base de detergentes, tés, batidos y suplementos que buscan “mejorar el sistema inmunológico” (algo tan facil de decir, como dificil de demostrar), para evitar la infección, sin tener estudios (ni buenos ni malos) que apoyen sus recomendaciones.

Así mismo, no faltan los que cuestionan las vacunas, basados en verdaderas tonterías sin base alguna. Por lo general, aducen disparatadas conspiraciones que solo sirven para alimentar la fantasiosa imaginación de quienes las repiten como papagayos.

Pero de todos los “osos” que hemos visto en esta temporada, nada le gana al circo que se ha montado la cosa esa anaranjada que vive en la Casa Blanca. Han pasado casi tres semanas desde las elecciones y se niega a aceptar que trapearon todo el ala oeste con su ridícula melena amarilla.

Pero lo peor de todo no es que sea otro arrebato de los que lleva haciendo toda su vida cada vez que pierde en algo. No olvidemos que cuando su bodrio televisivo no ganó el Emmy, alegó que la escogencia estaba manipulada y le habían hecho trampa. Cada vez que este tipo fracasó, se convenció a si mismo (y a quienes se dejaron convencer) que era producto de alguna artimaña. Y si lo dejaron, torció las reglas para salirse con la suya.

Lo malo de todo esto, es el nivel de irresponsabilidad que su arrebato ha generado, en medio de una pandemia que en Estados Unidos ya mató un cuarto de millón de personas en nueve meses (más de la mitad del total de americanos muertos en la Segunda Guerra Mundial en cuatro años). El sociópata este ha bloqueado deliberadamente el proceso de transición al gobierno de Joe Biden y Kamala Harris, poniendo en peligro no solo aspectos de seguridad nacional, sino la vida de personas que dependen de la coordinación de los dos equipos para manejar la pandemia y sus consecuencias. Cada día que pasa, se hace más evidente lo poco que le importa a él lo que le pase al país y a sus habitantes.

Como bien dijo el presidente electo Biden hace tres días, no solo es inaceptable, sino que posiblemente sea ilegal. Pero, a Trump no le importa ni lo que piense el mundo, ni lo que piensen sus electores. Él está más preocupado de su peinado de setenta mil dólares anuales y de ver como no aparece ante el mundo como un perdedor. Pero, sin importar lo que haga, de acuerdo con lo que dice la RAE, está “haciendo el oso”…

El autor es cardiólogo

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