El Diálogo del Bicentenario y la preparación para la Pospandemia



Hay tres vacunas contra la Covid-19 que están muy cerca de recibir autorización de emergencia para ser aplicadas próximamente.

La vacuna de Pfizer parece que recibirá su autorización el próximo 10 de diciembre, para su aplicación en Estados Unidos. Las vacunas de Moderna y AstraZeneca podrían recibir sus autorizaciones a principios de 2021, cuando serían acompañadas por una cuarta vacuna de la casa farmacéutica Johnson & Johnson.

Todas estas vacunas vienen respaldadas por poderosos consorcios empresariales que han indicado su disposición a fabricar unas 100 millones de dosis mensuales de su respectiva vacuna.

Hay países que han sido capaces de controlar a la pandemia sin necesidad de una vacuna, con simples medidas de salud pública y mucha responsabilidad ciudadana.

Taiwan y Nueva Zelanda son buenos ejemplos de lo que se puede hacer cuando hay un gobierno comprometido, una ciudadanía educada, y una fuerte valoración de la investigación científica (algunos analistas consideran que el factor decisivo es el liderazgo femenino de ambos países).

Otros países le han apostado a la alta tecnología como herramienta de prevención y trazabilidad de los contagios con mucho éxito, como ha sido el caso de Corea del Sur y Singapur. Un tercer grupo de países le ha apostado a la disciplina y al férreo control del Estado como en China y Cuba.

Panamá no pertenece a ninguno de estos grupos, por lo que la apuesta se concentra ahora en gestionar los contagios y hospitalizaciones hasta el número tolerable por las instituciones de salud.

Como muchos, me entristecí al saber que ya se están enviando pacientes al hospital temporal establecido en la Calzada de Amador. Esto y el anuncio público del Ministerio de Salud que informó, que no aplicaría el cierre total de la economía como una cuarentena generalizada, solo deja un destino posible al capítulo panameño de la pandemia: esperar que lleguen las vacunas.

Con la transición del nuevo gobierno estadounidense del presidente electo Joe Biden, se han hecho importantes pronunciamientos en favor de una política de producción acelerada y masiva de vacunas para distribuirlas a nivel mundial. Esto importa mucho porque tres de las cuatro vacunas comentadas en este análisis, son fabricadas en Estados Unidos.

De forma realista, en abril o tal vez mayo de 2021, es de esperar que se inicie la vacunación masiva en Panamá. Diligentemente el gobierno nacional ha efectuado los abonos económicos para reservar dosis de vacunas con las distintas casas productoras, e igualmente ha canalizado recursos para que, a través del sistema internacional Covax, Panamá pueda obtener hasta un 20% de todas las vacunas que necesite el país. Es muy posible que Panamá termine de vacunar a la población necesaria para la inmunidad de rebaño, antes que Estados Unidos o los países europeos, ya que somos menos, y todavía una gran proporción de la población cree en las vacunas.

¿Qué pasará después? Seguramente millones de mascarillas terminarán en la basura, y los consejos sanitarios repetidos hasta la saciedad serán puestos de lado. Más allá de esto, la recuperación económica y la restauración del pleno funcionamiento del sistema educativo deben planificarse cuanto antes. Coincido con el profesor Edwin Cabrera, quien ha afirmado que no se puede esperar hasta el fin de la pandemia, para entonces pensar en lo que se va a hacer como país.

Esa es precisamente la gran carencia que se evidenció durante la crisis sanitaria, la falta de planificación. Como el Estado dejó de planificar hace 25 años, no existen las redes territoriales de servicios públicos, como tampoco hay un criterio unificado del Estado sobre cómo atender a la población. En ocasiones daba la impresión que el Ministerio de Salud, y los repartidores de bonos y bolsas solidarias, desconocían cuánta era la población a la que debían atender y donde estaban.

Esa ausencia de planificación le está costando carísimo al país. Ese reto de reconstruir la capacidad de planificación del Estado, es el primer paso para salir de la verdadera causa del impacto fulminante que ha tenido la pandemia. Sería un gran regalo que el Diálogo del Bicentenario generara el consenso de todas las fuerzas políticas del país para restablecer al Ministerio de Planificación. Esa es la clave para todo lo demás que necesitamos, y para conducir al país en el mundo de la pospandemia.